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El periodismo, entre la frivolidad y la ausencia de límites
La irresponsable cobertura del asesinato de Muammar Khadafi despertó polémica y desató una serie de reflexiones acerca de las implicancias y los excesos de la prensa nacional e internacional.
¿Hasta dónde se puede llegar por una noticia? Este dilema ético de antaño ha regido –y seguramente lo seguirá haciendo- la labor periodística a lo largo de su historia. Los límites que determinan cuál material es publicable y cuál no, se están corriendo cada vez más.
El asesinato del dictador libio Muammar Khadafi reavivó el debate. Las fotos y los videos publicados por los distintos medios de comunicación del mundo mostraron sin pudor el cuerpo ensangrentado del ex mandatario árabe tirado en el piso.
Para colmo, estas escenas fueron repetidas una y otra vez, en muchos casos incluyendo a los soldados rebeldes que celebraban alrededor del difunto. Incluso, hubo periodistas que se tomaron fotos junto al cadáver. Tal fue el caso de Olivier Harvey, del tabloide sensacionalista británico “The Sun”, quien tituló su crónica de la muerte del tirano con la despiadada expresión “Perro muerto”.
Estas situaciones, que en otros contextos serían indignantes, fueron tomadas con total naturalidad y, peor aún, con una inusitada frivolidad. Más allá de lo que haya sido Khadafi, no deja de ser una persona asesinada y, como tal, merece cierto respeto. No se le puede exigir eso al atormentado ejército subversivo libio, pero sí es razonable que los medios mantengan la cordura.
Esta actitud irresponsable de los “constructores de la realidad” se ha vuelto habitual en las coberturas periodísticas. Basta con recordar el caso de Candela Rodríguez, la niña de 11 años que fue secuestrada y luego asesinada en Hurlingham. Durante varios días, la prensa nacional comandó la imprudente vigilia por la chica a través de las maratónicas transmisiones televisivas y la publicación de imágenes de toda índole. El trágico final de Candela sacudió a todos y obligó a la reflexión acerca del papel que deben tomar los medios ante este tipo de casos.
No sólo ocurre en Showmatch. Tinelli no es el demonio que contamina las buenas costumbres argentinas. La frivolidad y la insensibilidad inundaron el mundo de las noticias y contaminaron los diarios y noticieros que comparten la mesa familiar. La búsqueda del entretenimiento a toda costa desvió el camino de la prensa y la llevó a perder la brújula.
“El periodista es (…) responsable no sólo frente a los que dominan los medios de comunicación, sino, en último énfasis, frente al gran público, tomando en cuenta la diversidad de los intereses sociales”. Esto señala el artículo 3 del Código Internacional de Ética Periodística de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Tener presente esta máxima permitirá que los comunicadores sociales tomen conciencia de la relevante posición que ocupan y actúen en consecuencia. En este momento de confusión, recordar los propósitos reales del ejercicio periodístico es la única vía para evitar el desprestigio y retomar los carriles normales de esta noble actividad.
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