12/1/12

PERFIL DE MANUEL BELGRANO

MANUEL BELGRANO
El estadista más allá de la insignia
Hablar de Belgrano es, inevitablemente, referirse al “creador de la Bandera”, el vocal en la Primera Junta, el abogado devenido en militar. Sin embargo, hay muchos aspectos del prócer que desconocemos y que debemos resaltar.

“Fue uno de los hombres más brillantes en el contexto que le tocó vivir, la figura descollante de la Revolución. Cambió la tesitura y la mentalidad de nuestra población”. Así define a Manuel Belgrano la doctora Cristina Minutolo de Orsi, directora de la Comisión de Biblioteca, Archivo y Registros Documentales del Instituto Nacional Belgraniano. Así también lo recuerdan buena parte de los argentinos, que vemos reflejado en él un ejemplo de patriotismo sin límites.
Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano nació el 3 de junio de 1970 en su casa, vecina a la Iglesia de Santo Domingo. Sus primeros años transcurrieron en el seno de un matrimonio importante. Su padre, Francisco Belgrano Perí, era un reconocido comerciante de origen genovés, mientras que su madre, María Josefa González Casero, pertenecía a una familia respetable de Santiago del Estero.
Su favorable situación económica le permitió estudiar en el Colegio San Carlos, en primer lugar, y en la Universidad de Salamanca, en España. Allí se especializó en Derecho y se interiorizó acerca de los cambios que se producían en Europa. Durante su estadía en la península, vivió de cerca la Revolución Francesa, hecho que marcó sus pensamientos y acciones.
En 1794, con el título de abogado, regresó al Río de la Plata como Secretario del Real Consulado, organismo creado para defender los intereses de la Corona en las colonias. Desde este cargo, Belgrano impuso las tres actividades básicas sobre las que se debía sostener la economía: la agricultura y ganadería, el comercio interno y externo y la industria. Además, incentivó el desarrollo de la producción textil, promovió el respeto por los pueblos originarios, fomentó la educación de las mujeres y conoció el territorio en toda su extensión. Esto último –según cuenta Minutolo de Orsi- generó en el prócer un inusitado interés por “el país del Truptu”, es decir, la Patagonia.
“El que está a cargo de los bienes públicos tiene que tener desprecio por la riqueza”, pronunció Belgrano cuando el Triunvirato lo premió con 40.000 pesos tras la victoria en Salta. Ese dinero fue donado para la manutención del maestro en las escuelas. “Por algo le decían ‘el bomberito de la Patria’”, remarca Luis María Belgrano, tataranieto de Manuel.
Por otra parte, este porteño con aires itálicos provocaba suspiros entre la platea femenina. De refinados gustos por los perfumes y la ropa, Belgrano era un hombre romántico y sensible. Seguramente, algunas de estas cualidades enamoraron a varias mujeres, aunque sólo se conocen dos. Por un lado, María Josefa Ezcurra, con quien tuvo a Pedro Pablo Rosas y Belgrano, luego adoptado por los Rosas debido a que el niño era “ilegítimo” porque María Josefa era casada. Por otro lado, Dolores Helguera, la tucumana con la que concibió a Manuela Mónica del Corazón de Jesús.
“Miro la eternidad a la que voy y la Patria querida que dejo. Espero que buenos ciudadanos alivien las tristezas que padece”. Esa frase expresó Manuel Belgrano poco antes de morir y lo pinta de cuerpo entero. Este hombre de 50 años, a punto de fallecer solo y empobrecido, pensó hasta el último suspiro en el futuro de su país.

No hay comentarios:

Publicar un comentario