PLAZA “12 DE OCTUBRE”
Una tarde de viernes en el corazón de Pilar
Es el lugar público por excelencia del distrito. La vida de los vecinos gira en torno a ella, aunque muchas veces pase desapercibida.
La Plaza “12 de Octubre” es el alma del partido bonaerense de Pilar. Los habitantes de la ciudad la conocen muy bien. Es el punto central del distrito y eludirla es casi imposible. Sobre todo si se tiene en cuenta que a su alrededor se erigen la Municipalidad, la Parroquia, el Banco, la Terminal de Ómnibus y la primera escuela del partido, entre otras instituciones de suma importancia.
Sin embargo, al estar sentado un par de horas en el banco que da al mástil central, se la ve distinta. Cuando deja de ser un simple área de paso, se convierte en un espacio de observación privilegiado.
En el devenir del día a día, es difícil detenerse a mirar lo alto que flamean las banderas nacional, provincial y municipal. También cuesta apreciar la dimensión histórica de la plaza. Es un “lugar histórico” por decreto Nº 120.411 del Poder Ejecutivo Nacional firmado el 21 de mayo de 1942. Fue escenario de la firma del primero de los “pactos preexistentes” a los que alude la Constitución Nacional. Pero para los que vivimos acá es sólo un atajo para unir las calles Rivadavia y San Martín. Por lo menos hasta que tomás asiento y mirás cómo la vida gira en torno a ella.
En el devenir del día a día, es difícil detenerse a mirar lo alto que flamean las banderas nacional, provincial y municipal. También cuesta apreciar la dimensión histórica de la plaza. Es un “lugar histórico” por decreto Nº 120.411 del Poder Ejecutivo Nacional firmado el 21 de mayo de 1942. Fue escenario de la firma del primero de los “pactos preexistentes” a los que alude la Constitución Nacional. Pero para los que vivimos acá es sólo un atajo para unir las calles Rivadavia y San Martín. Por lo menos hasta que tomás asiento y mirás cómo la vida gira en torno a ella.
Es una tarde soleada y bastante calurosa. Por eso hay varias parejas y grupos de amigos que aprovechan la sombra de los alcanfores y los espinillos. Otros se bancan el sol y se sitúan en el anfiteatro. Algunos se recuestan en el pasto que, más allá de los cuidados, todavía luce amarillento por el maltrato que sufrió en octubre durante las fiestas patronales.
Corre una soplo de aire fresco que, cada tanto, trae aparejado el rancio olor de los frutos de los gingko biloba, ubicados sobre las veredas perimetrales.
Cerrar los ojos permite detener el tiempo unos minutos para relajarse. Durante ese instante de paz, la brisa se vuelve viento, los pájaros brindan un concierto y cualquier ruido parece lejano.
Un detalle: hay que ser precavido al momento de elegir el horario de “relajación”. Si, como en este caso, justo lo interrumpe la salida de los alumnos escolares, la concentración se va al diablo. Para colmo, es viernes por la tarde, con el éxtasis que eso implica. Los bocinazos de fondo son otra señal de la inminente llegada del fin de semana.
Un detalle: hay que ser precavido al momento de elegir el horario de “relajación”. Si, como en este caso, justo lo interrumpe la salida de los alumnos escolares, la concentración se va al diablo. Para colmo, es viernes por la tarde, con el éxtasis que eso implica. Los bocinazos de fondo son otra señal de la inminente llegada del fin de semana.
No obstante, es interesante prestar atención al movimiento de los chicos. Muchos, en pequeños grupos, se quedan paseando o merendando. Otros, apresurados por llegar a casa, deciden atravesar la plaza sólo para cortar el camino a la Terminal. Al mismo tiempo, hay algunos que planean el fin de semana y, luego, se dispersan.
En medio de toda esa vorágine, la “12 de Octubre” es un elemento unificador. Ella no diferencia colegios, cualquiera es bienvenido. Por eso conviven, al menos por un rato, los de la 1 y la 26 con los del Modelo, el Almafuerte y el Parroquial.
Cuando el bullicio merma, la Plaza retoma su tranquilidad. Una recorrida permite comprobar que el lugar está cuidado. Las flores en las cuatro esquinas, el pasto corto, el riego constante, los monumentos en buenas condiciones y un arreglo floral que forma la bandera nacional frente al Palacio Municipal son algunas muestras de eso.
Al volver al mentado asiento, se observa a una acaramelada pareja bajo el viejo mástil, “testigo de mil besos”, según proclama la letra de la “Zamba del Pilar”. Más allá todavía se ven niños con guardapolvo, escuchando música y riendo, ambas actividades en un alto volumen.
Sin embargo, de repente, algo puede estorbar la concentración. Por ejemplo, Chichín, el que vive a la vuelta de casa hace como 70 años. Ahí, la observación se terminó porque, como buena parte de los pilarenses saben, es imposible escapar a las charlas futboleras con el “Gordo”.
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